Producir energía con luz de ambiente
Aunque pueda parecer increíble, las células solares sensibilizadas por colorantes, o sea, las que imitan el proceso de fotosíntesis de las plantas, fueron inventadas hace veinte años por el profesor suizo Michael Grätzel, de la Escuela Politécnica de Lausana en Suiza. La empresa G24i ha estado trabajando con él en su desarrollo y aplicación práctica y eficiente.

Esta interesante vía de investigación ha conseguido una célula solar que funciona tanto con la luz interior como con la exterior. Así que no es una célula solar tradicional. Y su uso habitual está cada vez más cerca.

Se trata de conseguir producción de energía en unas condiciones ambientales con un nivel de iluminación de unos 300 lux, un nivel parecido al que hay en casa o en la oficina. De momento, se puede producir suficiente energía como para, por ejemplo, hacer funcionar un teclado inalámbrico, un mando a distancia o una persiana eléctrica. Parece poco, pero es un primer paso.

La clave está en imitar el proceso que llevan acabo las plantas cuando realizan la fotosíntesis. Con un papel de aluminio, cubierto con dióxido de titanio y añadiendo un colorante, un electrolito y un contraelectrodo transparente que sirve de conductor se produce energía.

Se están analizando diversos colorantes para lograr aquel que ofrezca más estabilidad para mejorar la robustez química del sistema, y se determinan los contraelectrodos que pueden constituirse como alternativas más robustas y también se identifican los materiales de menor coste. De momento, se ha conseguido producir medio voltio de electricidad.

Lo bueno es que no hablamos de una tecnología muy complicada. Si se añade una pila en la que almacenar energía, se podría hacer funcionar casi cualquier aparato. Se trabaja en objetos como la tapa de un ordenador portátil con células, un medidor de temperatura y humedad o una lámpara LED que funciona con estas células. También bolsos que permitirían cargar el móvil y, así, el teléfono estaría cargado de forma permanente.