
Sustituir las viejas bombillas por las de bajo consumo marcaría una diferencia abismal en iluminación eficiente a nivel mundial, lo que se traduciría en un ahorro económico de miles de millones de dólares y en una gran ayuda para detener el calentamiento global.
Traducido a un ejemplo muy gráfico, el cambio equivaldría a sacar de las carreteras a 122 millones de coches, evitando hasta un 8 por ciento de las emisiones mundiales, tal y como explica Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), organismo que ha puclicado un estudio sobre la cuestión en Río + 20, la Cumbre de Naciones Unidas de Desarrollo Sostenible que acoge la capital brasileña del 20 al 22 de junio.











