Almacenar energía en nitrógeno líquido


Una de las dificultades que tiene que superar las energías renovables es la posibilidad de almacenar la energía que se produce de una forma adecuada y eficiente. Algunos de estos modos de producir energía, al depender de fenómenos de la naturaleza, como el sol, el viento o la fuerza del mar, que no son constantes, necesitan de un método para almacenar esas rachas, esos momentos, en los que se produce energía de más, para, luego, transportarla donde sea necesario usarla. Por esta razón, en el sector de las renovables, no sólo se investigan nuevas formas de producir energía, sino también (y puede llegar a tener la misma importancia) métodos para almacenarla y transportarla.

La empresa inglesa Highview Power Storage está trabajando en el desarrollo de un nuevo material que sirva para almacenar energía: el aire líquido. Según sus responsables, este nuevo método puede alcanzar una eficiencia de hasta el 70% a un coste de 1.000 dólares (algo más de 700 euros) por kilovatio.

La tecnología se basa en un sistema de congelación que permite el almacenamiento de energía. Se usa aire líquido o nitrógeno líquido (con un 78% de aire) como materiales en los que se almacena la energía. Esta tecnología puede ofrecer tres servicios: el almacenamiento de energía; la conversión de calor residual procedente de instalaciones industriales o de servicios públicos, incluyendo la biomasa y la energía de las plantas de residuos en calor de bajo grado; y, en tercer lugar, la producción de frío, ya sea para aire acondicionado o para usar como refrigeración de centros informáticos de datos u otro tipo.

El proceso es el siguiente. El nitrógeno líquido se almacena en un tanque a temperatura ambiente y a presión de 1 bar. Cuando se necesita electricidad, se somete a este nitrógeno líquido a una presión de 70 bares y se calienta con un intercambiador de calor. Cuando el aire líquido se calienta, se produce un gas a alta presión capaz de mover una turbina y producir electricidad.

Si se usa la temperatura ambiente para calentar el aire líquido, el proceso devuelve el 50% de la energía almacenada. Pero si se transmite más calor, la eficiencia puede llegar hasta el 70% de lo almacenado. El calor que sobra se puede aprovechar para procesos industriales o para climatización.

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