Cementerio con energía solar


Habitualmente, los huertos solares se ubican en terrenos planos y soleados, como en extensiones de terreno que no se usan o azoteas de edificios, por ejemplo. Entre esos lugares especialmente indicados para desarrollar la energía solar se encuentran los cementerios.

En la localidad barcelonesa de Santa Coloma de Gramenet, ubicada en las afueras de la capital, se han colocado paneles solares sobre mausoleos del cementerio. De este modo, el santo lugar se ha convertido en un lugar de energía inagotable y limpia. Los terrenos planos y soleados del cementerio eran la ubicación perfecta para desarrollar la energía solar.

Son un total de 462 paneles, suficiente para aportar energía, anualmente, a unas sesenta casas. La electricidad generada se envía a la red local para su consumo y es una forma de luchar contra el calentamiento global.

Esteve Serret, director de la empresa Conste-Live Energy, que administra el cementerio y realiza trabajos en el área de energía renovable, ha señalado que es el mejor tributo que se puede rendir a los antepasados, independientemente de la religión: generar energía limpia para las nuevas generaciones.

Los paneles apuntan hacia el sur, lo que les permite captar la mayor parte de la luz del Sol. El proyecto ha tardado tres años en estar preparado para ponerse en marcha. La localidad tiene una alta densidad de edificios: 124.000 habitantes concentrados en apenas cinco kilómetros cuadrados.

Al principio, la idea fue difícil de aceptar por algunas personas. Lo consideraban una falta de respeto. Pero, ¿no habría que pensar también en el respeto que le debemos a las generaciones futuras?, ¿en la responsabilidad de dejarles un mundo mejor, más habitable? De hecho, el Ayuntamiento y la administración del cementerio tuvieron que realizar una campaña en la que explicaron el valor del proyecto y el cuidado con el que serían instalados los paneles.

El cementerio alberga los restos de unas 57.000 personas y los paneles apenas se concentran en el 5% de su superficie total. Para la instalación se invirtieron 720.000 euros y su uso equivale a dejar de producir unas 62 toneladas anuales de dióxido de carbono.

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