Energía eólico-solar que salva vidas en África


Turkana es una aldea situada en una zona árida de Kenia. Como muchos lugares en África, carecía de electricidad. Los habitantes de Turkana obtenían energía de un generador que funcionaba a partir de diésel que utilizaban, principalmente, para el bombeo de agua.

En Turkana trabajan, desde hace más de veinte años, un grupo de misioneros que saben que la energía es una condición indispensable para de salir de la pobreza. Con la colaboración de la Fundación Rose, de la Caja de Ahorros del Mediterraneo y de Sonkyo Energy han instalado un sistema híbrido eólico-solar en la aldea.

El nuevo sistema de obtención de energía permite, por ejemplo, tener una bombilla o poder conservar medicamentos en buen estado en una región donde la temperatura media es de 40 ºC. Servicios básicos en el Primer Mundo, pero que hasta ahora han estado vetados para los habitantes de Turkana.

Aerogeneradores Windspot y placas solares fueron instaladas hace más de un año. Recientemente, personal de Sonkyo Energy ha hecho una puesta a punto del sistema, así como para comprobar los resultados de la campaña solidaria. Christophe López, especialista en instalaciones renovables de la citada empresa, ha pasado allí tres semanas, tiempo en el que ha podido comprobar los avances que se pueden conseguir dotando de energía renovable a una zona que carece de red eléctrica.

Lo que más impacta es, seguramente, cómo un sencillo sistema de renovables puede salvar vidas, ya que hace posible un dispensario en el que se ubica una nevera que conserva medicamentos, vacunas, antibióticos, etcétera, por lo que se evitan enfermedades e, incluso, fallecimientos. La misión atiende a unas 15.000 personas de la zona.

Además, permite la educación de las personas, algo básico para salir de la situación de pobreza en la que viven.

Ahora pueden usar ordenadores o cargar teléfonos móviles. Algunas personas del pueblo han conseguido trabajo en compañías de telefonía móvil gracias a la formación a la que han podido acceder.

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