La energía que se escapa de los aparatos eléctricos y de las viviendas

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Pensad en un grifo que cierra mal y gotea. Es un gasto de agua absurdo e innecesario. Puede suponer un desperdicio de litros de agua al mes o, incluso, al día. Pues algo parecido ocurre con la electricidad. Existen ciertos puntos por donde se escapa la energía. Incluso cuando no se utilizan.

Los microchips no son eficientes desde un punto de vista energético. Son potentes y permiten trabajar con aplicaciones informáticas con comodidad y rapidez. Pero perjudican al medio ambiente. Aunque, por otra parte, esa misma tecnología informática permite aumentar la eficiencia energética. En el Centro para la Edificación Sostenible de Kassel, en Alemania, un ordenador controla la climatización para ahorrar energía. La tecnología está cada vez más unida a la ecología.

El sistema del citado centro analiza la previsión meteorológica para determinar cuándo hay que encender el aire acondicionado y cuándo hay que apagarlo. También ahorra energía utilizando ventilación natural y, cuando es posible, la energía solar.

El sistema analiza las necesidades energéticas de cada habitación para saber cuánta energía hay que usar y anticipar la climatización. Y, si es posible disponible, obtener la energía de fuentes limpias y renovables, como la fotovoltaica.

Hay sensores que miden la temperatura, la humedad, los niveles de CO2 y el número de personas que hay en la sala. También tiene en cuenta los horarios de trabajo para saber si la habitación se va a utilizar o no. Así, se acondiciona la estancia con el mínimo coste energético. Ahorro energético y confort para las personas.

Los usuarios, pos su parte, pueden interactuar con el sistema conectando sus tabletas o teléfonos móviles para controlar algo de forma manual o comprobar las indicaciones del sensor en cualquier momento.

El Centro de Investigación en Energía de la Universidad Técnica de Aquisgrán también utiliza estos programas informáticos. Pero, además, aprovecha la energía que hay bajo tierra: 16 agujeros de intercambio de calor, con una profundidad de 100 metros, permiten bombear agua caliente al suelo y sacar agua fría a 4 ºC. Un avanzado sistema de geotermia.

El hogar inteligente es otro de los campos que se investiga. Los ciudadanos necesitan ahorrar energía. El edificio, en este caso, se adapta a las costumbres de los habitantes: sabe cuándo se vuelve a casa del trabajo, cuando la casa queda vacía, etc. Adapta el sistema de calefacción para precalentar o enfriar el edificio, ahorrando energía y dinero.

Energía vampiro

Otro proyecto europeo trabaja en lo que se llama “energía fantasma” o “energía vampiro”: todos los aparatos electrónicos, desde el móvil a los ordenadores, pierden energía. También cuando están apagados. Sólo en Europa, esta pérdida es igual al consumo de Austria, la República Checa y Portugal juntos.

Kirsten Moselund, especialista en nanoelectrónica, explica que los transistores, bloques de circuitos electrónicos, son aparatos que tienen pérdidas. Quiere decir que, cuando no están funcionando, siguen consumiendo energía y, por tanto, se pierde sin haberla usado. Su equipo trabaja en un nuevo tipo de transistores llamados “efecto túnel” que tratan de remediar este problema. Si se pierde menos energía, podremos reducir la potencia de los circuitos electrónicos que llevan estos aparatos.

Un transistor funciona como un tapón que impide que pase el agua. Según la teoría, la próxima generación de transistores de efecto túnel requerirá mucho menos voltaje sin perder eficiencia. El reto de científicos como Mattias Borg es combinar silicio, silicio-germanio y nanocables semiconductores. La idea es colocar una lámina de silicio dentro del reactor y, entonces, aumentar los nanocables en esta lámina. Utilizando su estructura y la combinación de estos dos materiales, se puede crear un nuevo tipo de transistor que permite una operación de bajo consumo manteniendo la misma velocidad que los transistores más modernos.

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