Farolas que alumbran con la energía de los peatones


Seguro que muchos recordáis la famosa secuencia de la película Big en la que Tom Hanks, un adulto con corazón y cerebro de niño, toca un enorme piano con las teclas situadas en el suelo con los pies. Las notas suenan con cada pisada y, además, se ilumina la tecla. Con este mismo método, pero cambiando el objetivo lúdico por un objetivo medioambiental, una empresa ha diseñado unas baldosas que responden a las pisadas de los viandantes.

En todo el mundo, por la noche, millones de farolas están encendidas, iluminando las aceras, sin que nadie camine cerca. El gasto energético es enorme, pero, sobre todo, es absurdo, inútil. La idea es que se enciendan sólo cuando haya un peatón pasando por debajo. Ya se empiezan a usar sensores de movimiento, instalados en la misma farola. Pero estas baldosas pueden ser otra solución al problema, quizá algo más fiable. Pero, no sólo eso. Además, estas baldosas, mágicas como las de Alicia en el País de las Maravillas, generan la energía que necesitan las farolas para encenderse.

El sistema ya se está poniendo a prueba en la ciudad francesa de Toulouse. Sus habitantes pasean por la ciudad y esa energía cinética se utiliza para generar electricidad. El sistema se basa en la inducción magnética. Bajo la baldosa, hay un imán. Y este imán se mueve dentro de una bobina cilíndrica de hilo de cobre, que es donde se produce la energía, con un flujo de corriente de electrones. La electricidad generada se lleva hasta una batería que almacena la energía que necesita la farola.

La primera vez que se usó esta idea, a parte de la famosa escena de Big, fue en una discoteca de Rotterdam, Holanda, en 2006. El proyecto lo llevó a cabo a la empresa Sustainable Dance Floor, que instaló en el suelo de la discoteca baldosines oscilantes que generaban electricidad cuando los jóvenes bailaban sobre ellos. La energía que generaban hacía posible que funcionaran las luces y la música de la sala. Una genial idea para aprovechar esa energía que rebosa en los cuerpos jóvenes.

A partir del sistema de esta discoteca, y con la colaboración de varias universidades anglosajonas, diseñaron una tecnología más sensible a las microvibraciones. Así, una sola persona puede generar, andando unos ocho metros, entre 50 y 60 vatios, electricidad suficiente para alumbrar una farola.

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