Los alemanes podrán almacenar, comprar y vender energías renovables

Energia solar
Alemania sigue avanzando con su plan verde. No solo intenta reducir su gran dependencia del carbón incentivando a las empresas a apostar por las energías limpias, sino también a los ciudadanos.

Los grandes inversores de energías verdes siempre han tenido su paralelo en los ciudadanos que buscan en el autoabastecimiento no solo una manera de tener independencia energética, sino también de poder venderla a otros ciudadanos.

Ahora, gracias a la plataforma comercial creada por la empresa alemana Sonnenbatterie los particulares pueden comprar y vender energía producida por fuentes solares y eólicas por toda la red eléctrica.

Almacenar, comprar y vender

Cualquier usuario de la red eléctrica aleman puede suscribirse a este sistema de comercialización de energía. Por un lado, los ciudadanos que generen más energía de la que necesiten tienen la posibilidad de venderla

A diferencia de plataformas como la británica Open Utility, la holandesa Vanderbrono o la estadounidense Yeloha, que ponen a los consumidores en contacto con los productores, Sonnenbatterie permite tanto comprar como vender electricidad.

También se posibilitará almacenar la energía. De este modo, el momento perfecto para venderla será cuando el clima no acompañe. Es decir, esos días en los que no hay suficiente sol ni tampoco viento.

El nuevo servicio, que entrará en funcionamiento este mismo año, facilita a sus miembros almacenar, comprar y vender electricidad de generadores renovables instalados en los hogares.

Si bien se realiza mediante la red eléctrica, el objetivo es acabar independizándose de la misma en un futuro no demasiado lejano. Por lo pronto, el sistema permite dar respuesta a muchos desafíos de los recursos intermitentes y distribuidos a la red.

Con ello se pretende impulsar la adopción de energía renovables, pues los propietarios tienen una manera sencilla de ganar dinero con los excedentes. Ello representa una ayuda para amortizar las infraestructuras necesarias para instalar placas fotovoltaicas y turbinas eléctricas.

Los consumidores pagan un precio fijo de 25 céntimos por kilovatio-hora, menos de lo que pagan los consumidores por la electricidad convencional, pero más que lo que se paga por enviar esa energía a la red estatal.

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