Una medida revolucionaria de eficiencia energética: puertas en los refrigerados

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Coches eléctricos (o, al menos, híbridos), bombillas de bajo consumo con tecnología led y otras nuevas tecnologías ayudan a que se reduzca el consumo energético. Una cadena de supermercados inglesa ha puesto en marcha una revolucionaria medida con el mismo objetivo (ahorrar energía y dinero): colocar puertas en los puestos de verduras.

Los supermercados cuentan con secciones como lácteos, verduras frescas, embutidos, etc., en definitiva, alimentos que, para conservarse en buen estado, deben estar a una temperatura mínima. No tanto como los congelados. Deben estar refrigerados. Para facilitar a los clientes la compra, se colocan en estantes refrigerados sin puertas. La revolucionaria idea es poner puertas a esas estanterías.

¿Es para tanto? Se calcula que, si todas las tiendas con estantes refrigerados de verduras del Reino Unido instalaran puertas para evitar que se pierda frío, se podría ahorrar el doble de electricidad de lo que produce la segunda mayor central térmica de carbón de Europa. Sí, es para tanto. Sólo si se lleva a cabo en el Reino Unido. ¿Y si se lleva a cabo en toda Europa? ¿O en todo Estados Unidos?

Como dejar la nevera abierta

Se puede pensar desde otra perspectiva. Supongamos que dejamos nuestra nevera abierta durante un día entero. ¿Cuánta cantidad de energía estaríamos malgastando? Los expertos no se cansan de repetirlo: más importante que el desarrollo de las energías renovables (aunque sin olvidarse de este punto) es llevar a cabo medidas de eficiencia energética. Medidas tan fáciles de implementar como colocar puertas.


Se calcula que las tiendas de verduras del Reino Unido gastan un 5% de la electricidad del país. La mayor parte de este gasto proviene de la refrigeración. Instalando puertas a la sección de refrigerados, se podrían ahorrar unos 80 millones de libras esterlinas cada año. Definitivamente, sí, es para tanto.

¿Por qué no se hace? Por miedo a las quejas de los clientes, a “molestar” su comodidad. O, en todo caso, por miedo a que los clientes no respondan con su propia contribución a la medida, es decir, que se olviden de cerrar las puertas.

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