Coches eléctricos y petróleo


La AIE (Agencia Internacional de la Energía) ha publicado algunas consideraciones sobre el futuro del coche eléctrico y la no dependencia del petróleo. Y, lamentablemente, la utopía de dejar de usar este combustible contaminante choca con la realidad económica y social que rige el mundo.

En primer lugar, la dependencia del petróleo, aun comenzando a usar masivamente vehículos eléctricos, seguirá durante bastantes años. Aunque los vehículos eléctricos desempeñarán sin duda un papel cada vez más importante en la movilidad del ser humano, incluso si las ventas crecen rápidamente no supondrá más que un ahorro de un pequeño porcentaje del uso del petróleo. Será así, al menos, hasta 2020. Las mejores previsiones cifran unos objetivos de venta que pueden llegar a los siete millones cada año hasta 2020. Eso serían más de veinte millones de vehículos eléctricos ese año. Un gran éxito para los vehículos eléctricos, pero sólo supondría el 2% del total de vehículos que circularían por el mundo.

Ante este dato que sólo puede llevar al pesimismo respecto a la dependencia del petróleo, hay otro dato positivo. La falta de suministro de litio, materia prima esencial para fabricar las baterías de los vehículos eléctricos, es un mito. Las reservas de litio en el planeta son suficientes para un despliegue generalizado de vehículos eléctricos. Al menos, hasta el año 2030. Pero, probablemente, mucho más tiempo, incluso aunque crezcan las ventas más de los esperado.

Es verdad que el litio se concentra en unos pocos países en Sudamérica y por ello muchas voces críticas auguran un problema futuro para fabricar las baterías de ión-litio que propulsan los coches eléctricos, pero esta oferta es más que suficiente para los próximos veinte años. Además, dentro de unos años, es bastante probable que la extracción de esta materia prima y el propio funcionamiento de las baterías sean mucho más eficiente.

El vehículo eléctrico va a vivir, por fin, en los próximos años, un desarrollo imparable. Pero, el mundo se ha organizado con una dependencia tal del petróleo que un mundo sin coches y camiones que no emitan sustancias contaminantes está aún muy lejos.

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