Energía solar a partir de la sal y el vidrio

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Crescent Dunes
Puede definirse como ciencia ficción o, considerando que es ya una realidad, quizá sea mejor hablar de energía solar altamente sofisticada. Nuestra mirada se dirige hacia el abrasador desierto de Nevada, en Estados Unidos. Allá a lo lejos, donde se levanta el proyecto Crescent Dunes, creemos ver un espejismo…

Pero no lo es, en absoluto. Ubicado en medio de la nada, una planta termosolar que usa y abusa de tecnologías innovadoras para sacar zumo del astro rey brilla casi tanto como el sol. Diez mil paneles de vidrio plateados que miden 115 metros cuadrados rodean a una torre central.

Sistema de almacenamiento térmico

No son paneles fotovoltaicos al uso, sino espejos que siguen el curso del sol, apuntando a él a lo largo del día, como hacen las plantas heliotrópicas. A su vez, se dirigen hacia la parte superior de la torre para reflejar en ella la luz, donde se emplea sal fundida como sistema de almacenamiento de la electricidad.

El objetivo es recurrir a un peculiar sistema de almacenamiento basado en sales fundidas que mantienen el calor, dejándolo listo para su uso. Actualmente tiene una potencia instalada de 110 MW y puede operar 10 horas de manera ininterrumpida cuando el sol ya se ha puesto, con la peculiaridad de no contar con el respaldo de un sistema fósil.

Con ello se soluciona de un modo eficiente el eterno problema del almacenamiento de la energía solar o eólica, cuyo punto débil es su intermitencia. El resultado, en el caso de Crescent Dunes, es poder satisfacer las necesidades energéticas de 75.000 solares durante las 24 horas del día.

Una apuesta por la energía termosolar que incluye la tecnología de la torre central, como también se ha hecho en la californiana planta Invapah, de 400 MW. Según Kevin Smith, uno de los fundadores, se trata de una evolución de la tradicional tecnología fotovoltaica, hasta el punto de llegar a constituir una alternativa a los combustibles fósiles. Veremos si el tiempo le da la razón.

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