Isla artificial para producir y almacenar energía eólica

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Todavía falta un lustro como mínimo para que la proyectada isla se haga realidad, pero ya se conocen detalles sobre cómo será y para qué servirá. En concreto, sabemos que el islote artificial que pretende construir Bélgica tendrá forma redonda, de rosca y que su razón de ser no será otro que producir y almacenar energía eólica.

Si todo sale bien, es decir, si el proyecto se realiza lo encontraremos ubicado en el mar del Norte, a aproximadamente tres kilómetros de la costa del país, y su actividad será frenética, pues producirá 2.300 megavatios con el objetivo de suplir en buena parte a los dos reactores nucleares patrios, que en total producen 3.000 megavatios.

En efecto, esta isla podría hacer realidad el ambicioso objetivo de llevar a cabo un apagón nuclear, si bien de forma progresiva, como por otra parte suelen hacerse estas cosas, y al ejemplo alemán o japonés me remito.

Aprendiendo de Fukushima

Por lo tanto, esta iniciativa forma parte de la corriente mundial partidaria del abandono de la nuclear que intenta que las renovables puedan ir sustituyendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, la gran dependencia que se tiene de la peligrosa energía nuclear.

El punto de inflexión lo marcó el desastre nuclear de la central de Fukushima, en Japón, con el accidente producido como consecuencia del terremoto y del posterior tsunami acaecidos hace casi un par de años (11 de marzo del 2011), cuyas terribles consecuencias ambientales están sufriéndose todavía.


Recurrir a la energía eólica supone ganar por doble partida, cuanto menos, pues no sólo se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que además se trata de una fuente de energía renovable, abundante y limpia.

Eso sí, el problema del almacenamiento sigue siendo su talón de Aquiles, pues no puede producirse según sea necesario en cada momento, ya que se depende de las condiciones climatológicas, es decir, de que sople el viento.

A lo largo de este año se espera poder determinar las infraestructuras necesarias, mientras el segundo y decisivo paso será conseguir financiación, en principio procedente de capital privado. A nadie se le escapa que el ambicioso proyecto necesitará una inversión tremenda, por lo que esperemos que no acabe llevándoselo el viento.

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