Autosuficiencia energética en mitad de los Alpes


Querer es poder. Sólo hace falta voluntad y unos mínimos conocimientos técnicos. Un ingeniero francés llamado Fabrice André inventa aparatos para lograr la total autosuficiencia energética (además de no contaminar el ambiente) en su refugio de los Alpes. Con uno de sus inventos, sube hasta allí. Se trata de un triciclo ecológico que puede alcanzar los 50 km/h y ofrece 270 kilómetros de autonomía. (Cabe preguntarse, en este punto, si una persona lo puede hacer, ¿por qué no lo hacen las grandes empresas de automoción?)

El triciclo funciona con pedales, pero también lleva una serie de baterías que aumentan la velocidad del triciclo. Con este medio de transporte no contaminante, Fabrice llega a su casa, a más de 2.000 metros de altitud, en el Alpe d’Huez, mítico lugar para los ciclistas.

Fabrice se tomó esto como un reto: quería demostrar que podía vivir en el medio de la nada y ser, al mismo tiempo, totalmente independiente desde el punto de vista energético. No sólo en el vehículo que usa para ir de un sitio a otro, sino también en la calefacción (y hablamos de los Alpes, donde no hace precisamente calor en invierno), en el cuidado de las plantas y el jardín, en fin, en todos los aspectos de la vida.

Lo ha conseguido con imaginación e inventiva. Hay dos conceptos básicos en la vida de Fabrice: independencia y comodidad. Por ello, usa la madera. Los muros de la casa están construidos con troncos de veinte centímetros de espesor de madera maciza. Además, la madera, cuanto más envejece, más impermeable se vuelve. El peso de los troncos garantiza la impermeabilidad y la solidez de la construcción.


Para generar energía, ha instalado un aerogenerador de geometría variable y de eje vertical. La ventaja de este sistema es que, cuando el viento aumenta, las aspas se cierran para evitar una avería o una rotura, mientras que cuando el viento pierde fuerza, las aspas se abren para aprovechar mejor el viento. Es casi indestructible, ya que con mucho viento se convierte en un cilindro. Además, la casa cuenta con paneles solares fotovoltaicos.

Pero, ¿qué ocurre si es de noche y no hace viento? Entonces se pueden aprovechar los desechos. La casa cuenta con una caldera que se puede alimentar con casi todo, incluso con plásticos. Y sin contaminar, siempre que se use la caldera a más de 800 ºC, una temperatura que degrada las moléculas no deseadas.

La casa también cuenta con un estanque de fitodepuración, donde van a parar las aguas residuales. En ese estanque se reoxigena el agua y, después, se devuelve al medio natural. Una purificadora natural realizada con un alga procedente de Canadá.

Otra original invención (y genial por su sencillez) es el rastreador solar, un espejo que refleja la luz solar a la parte norte del edificio para fundir la nieve sin tener que coger la pala.

Fabrice espera a los primeros turistas de la temporada. Sigue pensando en nuevos inventos para ser aún más sostenible. De momento, ya ha demostrado que puede ser autosuficiente en cuanto a la energía.

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