Producir alimentos y energía a la vez


Producir al mismo tiempo alimentos y energía puede ser una de las mejores fórmulas para impulsar la seguridad alimentaria y energética de los países pobres. Así se desprende de un estudio recién publicado por la FAO (organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). El trabajo, llamado Making Integrated Food-Energy Systems Work for People and Climate – An Overview, ha estudiado diversos ejemplos específicos en África, Asia y Latinoamérica, así como en países desarrollados, para demostrar cómo superar las limitaciones y gestionar con éxito los cultivos para que produzcan alimentos y biocombustible al mismo tiempo.

La tesis de la FAO es que los sistemas agrícolas que combinan cultivos alimentarios y energéticos presentan numerosos beneficios para las comunidades rurales pobres. Así lo ha señalado Alexander Müller, Director General Adjunto de Recursos Naturales de la FAO.

El trabajo elaborado por la FAO propone varios modelos. Por ejemplo, los agricultores pueden utilizar los desechos de los cultivos de arroz para producir bioenergía. O, en un sistema agroforestal, se pueden aprovechar los desechos de árboles de los que obtienen frutas, como los cocos o el café, para producir la energía necesaria para cocinar. También se pueden usar subproductos de la ganadería para la producción de biogás.

Es curioso. Cada vez estamos más cerca del modo de vida de hace unos años, un modo de vida sostenible que algún día nos explicarán por qué y cómo nos llevaron a abandonar. Culturalmente, en la India siempre se ha usado la vaca como productor de energía, especialmente las bostas. Pero a alguien se le ocurrió que era una mejor idea usar petróleo.

En fin, la idea de este estudio es que los agricultores pueden ahorrar dinero, evitando la compra de costosos combustibles fósiles y de fertilizantes químicos, utilizando, en cambio, el estiércol líquido procedente de la producción de biogás. Con el dinero ahorrado, pueden comprar lo necesario para incrementar la productividad agrícola, como, por ejemplo, semillas adaptadas a las cambiantes condiciones climáticas.

Los agricultores no serán los únicos beneficiados. También es una forma de mitigar el cambio climático, en especial las emisiones derivadas de los cambios del uso del suelo. Además, este modo de gestionar el suelo conduce a un aumento de la productividad de la tierra y del agua, reduciendo así las emisiones de gases de efecto invernadero e incrementando la seguridad alimentaria.

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