El uso de biocombustibles es un crimen, según la ONU
La actual crisis alimentaria ya es un hecho y se debe a la subida de los precios de los alimentos básicos. Los responsables de las 27 agencias de Naciones Unidas se han reunido en Berna (Suiza) con el secretario general de la organización, Ban Ki-moon, para tratar este grave problema.

La conclusión: la gran parte de la hambruna que se está sufriendo en algunos países del mundo está causada por los biocombustibles y la especulación. El relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, ha pedido, una vez más, una moratoria en el cultivo de productos para biocombustibles. Lo ha dejado bien claro:

“Hay que frenar el cambio climático, pero sin matar de hambre a la gente”.

No es la primera vez que la ONU denuncia que el cultivo de plantas para producir biocombustibles es una causa de la subida de los precios de esos productos, algunos de los cuales son básicos para la alimentación. A ello hay que sumar la especulación que se hace con esos productos en mercados internacionales. Para Ziegler, todo el asunto en una auténtica tragedia.

Ante la gravedad de la situación Ban Ki-moon se ha reunido con la directora del Programa Mundial de Alimentos, Josette Sheeran, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, el director de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Jacques Diouf, y el presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura, Lennart Bäge.

La situación, según Ziegler, es límite. En unos tres meses, el fondo del Programa Mundial de Alimentos (PAM) habrá perdido el 40% de su poder adquisitivo por la subida de los precios. Ha recordado, a este respecto, que unos 75 millones de personas en todo el mundo dependen de estos suministros del PAM para sobrevivir.

Según los datos que maneja la FAO, en el último año, el precio de los cereales, especialmente el trigo, ha aumentado un 130%; el del arroz, un 74%; el de la soja, un 87%; y el del maíz, un 53%. Según el relator de la ONU, en sólo mes y medio, con la explosión de los precios en el mercado mundial, nuevas clases sociales han caído, por millones, en el abismo del hambre. La crisis, como siempre, afecta especialmente a los países pobres, cuyas familias dedican entre un 85 y un 90% de su renta a comer.